12 de noviembre de 2008

-Perdone, señorita, ¿Nos conocemos?
-Claro papá, soy tu hija.- La mujer sujetaba la mano del anciano y lo miraba con gran ternura desde su posición, agachada ante el sillón en que estaba sentado el hombre.
-Mi hija -Pareció meditar para sí mismo el anciano con la vista perdida en la pared que había frente a él. –Tengo una hija...- Clavó todavía más sus brazos sobre el sillón orejero y preguntó -¿Está segura de eso, señorita? Quiero decir ¿Seguro que soy su padre? Mire que aquí hay muchas personas mayores.
-Sí papá, estoy segura de ello- Le dijo ella acariciándole la cara al anciano. Este la miraba con aire escrutador, intentando recordar en su fuero interno algo que le hablase de aquella muchacha que estaba ante él. –Usted me perdonará, señorita, pero no sé qué me pasa que últimamente me falla cada vez más la cabeza, ¿Sabe? Hay días en que apenas recuerdo ni donde estoy.
-Ya lo sé papá, por eso vengo a verte cada tarde, para que no te olvides de mí. Mira, te he traído una foto de tus nietos -Le contestó la mujer rebuscando en el bolso.
-Nietos... -continuó el hombre de nuevo para sí mismo- Soy abuelo...-
-Sí, papá, mira. Tres nietas como tres soles y ahora tienes ya de camino la primera de tus bisnietas. Pronto te traeré una foto con toda la familia aumentada.- La mujer le alcanzó al anciano la foto de familia en la que aparecían ella misma con su marido y tres muchachas cuyas edades podían estar perfectamente comprendidas entre los 25 y los 30 años.

El anciano miró la foto sin reconocer a nadie. De pronto irrumpió en un llanto quedo, silencioso. Un llanto de rabia que se delataba por los puños cerrados con fuerza, el ceño fruncido y el morderse los labios, aparte de las lágrimas que pugnaban por salir de sus ojos sin acabar de conseguirlo.

–Lo siento señorita -dijo tendiéndole la foto a la mujer, que la tomó y volvió a guardarla en el bolso- pero de veras que no consigo recordar nada de lo que usted me dice ni conozco a ninguna de las personas que hay en esta foto.

La mujer desvió la vista hacia una mesa donde dos ancianos, sentados en sendas sillas de ruedas, jugaban al parchís. Al igual que su padre, se mordía el labio inferior y al igual que su padre, las primeras lágrimas empezaban a cristalizar sus ojos. Se levantó, se recogió su largo pelo en una cola y se situó tras el anciano, tendiéndole sus brazos sobre los hombros.

El hombre miraba al suelo y sonreía con la mirada perdida, como si un instante antes no hubiesen mantenido conversación alguna. Ella respiró profundamente. No le gustaba ese olor tan especial que tenía aquella sala. No hubiese sabido definirlo, solo sabía que la ponía nerviosa y le desagradaba sobremanera.

-Vamos papá- dijo tomando del brazo al anciano para ayudarlo a levantarse- Te llevaré a dar un paseo. Te sentará bien caminar un poco.

Avanzaban por el pasillo al paso del anciano, lento y mal acompasado. La mujer lo sujetaba del brazo mirando el suelo, vigilando de que el hombre no tropezara. Tuvieron que parar un par de ocasiones porque al viejo se le salieron las zapatillas haciendo que trastabillara.

-Si tengo una hija, eso significa que también tengo una mujer, ¿verdad? ¿Dónde está tu madre? -preguntó el anciano mirando a su hija con creciente interés.

-Papá -respondió ella sin saber muy bien cómo continuar– Mamá murió hace dos años, de un infarto. La enterramos en el pueblo, en el nicho familiar.

El anciano detuvo en seco su paso y con gesto de triste sorpresa observó por un instante a su hija. Seguidamente reinició el paso y pidió –Hija, ¿podrías hablarme de tu madre?

-Sí papá- accedió ella- Mamá era una mujer encantadora. Siempre tenía una sonrisa para ofrecer a los demás. También era una mujer muy bella...

-Eso- Interrumpió el anciano a la mujer- no hace falta que me lo digas, sólo hay que verte a ti. Tu madre tuvo que ser muy bella para tener una hija tan guapa como tú.

La mujer le ofreció al anciano una sonrisa melancólica mientras evocaba tiempos pasados. Apretó con fuerza el brazo del padre y siguieron su paseo. –Mañana mismo, sin falta, te traeré una foto del día de vuestra boda.

-¿En serio? Me harías tan feliz si pudiera llegar a recordarla...
–Sí papá, en serio, mañana mismo te la traigo.

Se cruzaron por el camino con una enfermera que les indicó que se aproximaba la hora de la cena. Mientras desandaban el camino hacia la habitación del anciano, la mujer siguió hablándole de su madre, de su trabajo conjunto en los ultramarinos de un barrio del extrarradio, de las excursiones dominicales.

-Paula... -musitó el anciano cuando la mujer ya lo había dejado sentado en la mesa.
–Si papá! Ese era el nombre de mamá, Paula.-Sin poder contener la emoción, la mujer se despidió del anciano besándolo en la frente. Se puso el bolso bajo el brazo después de haber sacado un pañuelo de papel con el que se limpiaba las lágrimas. En más de un año desde que su padre había empezado con el alzheimer nunca había recordado nada.

Al día siguiente, a la misma hora, la mujer volvió a entrar en la sala del geriátrico donde su padre estaba sentado en un cómodo sillón orejero. Ella se agachó ante el anciano esperanzada y lo tomó de la mano. El anciano la miró interrogativamente y preguntó:

-Perdone señorita ¿Nos conocemos?

Tarragona, 13 de septiembre de 2007

4 comentarios:

fonsilleda dijo...

Buen texto. Creo que todos llegamos a tocar este tema porque, de una manera u otra, también nos afecto a todos. Ahora mismo tengo un cuñado con ese problema. Una persona muy inteligente con la que siempre me entendí maravillosamnete.
Tú lo has reflejado muy certeramente y con sensibilidad.
Bicos.

Dante dijo...

Dolorosa entrada, amigo Eduard. En lo personal, me llega terriblemente. Con algunas diferencias en lo que lo origina, me toca muy de cerca. Excelente entrada. Sensiblemente real, tratada con el profundo cariño y respeto que se merece el tema. Fue un gustazo leerla, y pasear por este espacio, hermano. Un abrazo.

La signora dijo...

Muy bueno tu relato. Son de esas situaciones que ojalá quedaran solo así, en relatos. En la realidad es duro y difícil.

trainofdreams dijo...

Me recuerda tantas cosas...gracias por esta entrada y sobretodo por los que padecen esta enfermedad...

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