9 de enero de 2009

El afilador

Y así fue como el afilador, satisfecho con su trabajo, miró a su alrededor y comprendió que había llegado el momento de dejar aquel lugar para buscarse la vida en otro distinto.

Una vez más hizo sonar el chiflo y tomó su bici paseando invisible entre las mujeres cargadas con la compra y los ejecutivos con corbata y maletín que iban presurosos de un lado al otro. Se detuvo un momento y le dio un par de monedas a un acordeonista que deleitaba a los viandantes con el playback en acordeón de algunas canciones muy conocidas.

Al salir de la villa siguió el viejo sendero que lo había de llevar hacia la montaña, se adentró entre la niebla y se perdió entre ella igual de rápido que por allí había aparecido.

4 comentarios:

Froiliuba dijo...

Sin duda el afilador regresará con su bici y su chiflo a la ciudad cuando ese frío invierno que ahora se instala en su vida vaya dando paso a la primavera.
Porque siempre después de un crudo y frío invierno, regresa la primavera, es ley de vida, es el mundo que gira y gira y es, lo que al final, nos mantiene vivos.

un beso

fonsilleda dijo...

Esperaremos que regrese. Deseamos que vuelva a contarnos historias aprendidas en los caminos y pueblos.
Cuando el sentimiento se temple y las luces vayan asomando.
Bicos.

Zoe dijo...

El camino nunca sabemos a donde nos lleva. simplemente hay que dejar que pase el tiempo y lo que hoy es oscuridad mañana puede que no lo sea.Todo volverá, el afilador sin duda regresará también cuando llegue el momento...

Un abrazo enorme...

Manuel Montesinos dijo...

Esa figura que, tampoco hace mucho tiempo, fue también ambulante. Y que iba y venía por los pueblos, y que la gente buscaba y esperaba a que llegase a su casas al oir su chiflo allá, por el principio de la calle.
Él también traía buenas y malas nuevas de los caminos que corría en su bicicleta ataviada con sus menesteres.
Genial.
Un saludo.

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