21 de agosto de 2009

Anibal

Existe la remota posibilidad de que se trate únicamente de un rumor. Quizá se trate únicamente de una equivocación. En todo caso resultaría doloroso pensar que hubiera sucedido delante de nuestras narices. No solo por él, también para nosotros. Una vez más se hubiera demostrado la incapacidad de las instituciones a la hora de detectar precozmente este tipo de sucesos.

Nos lo trajeron a principios de Julio al centro. Era un perro sin pedigrí, de blanco pelaje áspero cubierto por manchas negras. Lo habían encontrado los hijos del pastor en su terreno, cerca de la carretera. Se había enganchado la pata en el cercado y le sangraba profusamente. Tuvieron los chiquillos que atarle un cordel al cuello y casi arrastrarlo para traerlo hasta nuestro centro. Mientras uno tiraba del improvisado collar el otro empujaba al animal, que se arrastraba malherido intentando ofrecer resistencia a sus captores y ladrando con ese inequívoco tono corto y seco que más adelante aprenderíamos a distinguir entre el resto de los ladridos.

Por desgracia es una tónica habitual la del abandono de animales en nuestras carreteras durante el periodo vacacional. En gran número acaban atropellados por vehículos al intentar cruzar la carretera, confeccionando de este modo un repugnante felpudo que “adorna” nuestras vías en un fútil intento de que nos remuerda la conciencia al pensar en ello. La gran novedad, la noticia, está cuando un animal, como fue el caso, en vez de intentar cruzar la carretera, siguiendo Dios sabe qué instinto, se conforma con seguir en ese lado de la cuneta en que lo abandonaron y puede ser salvado.

Aníbal, (bautizado con ese nombre en homenaje a un personaje de “El equipo A”) estuvo con nosotros durante todo un verano. Al llegar a nuestras dependencias el animal ya parecía haberse familiarizado, en cierta forma, con sus jóvenes rescatadores. Sin embargo rechazaba cualquier otra presencia humana.

Tuvimos que inyectarle un sedante para poder desparasitarlo, proceder a una revisión rutinaria y a las posteriores curas. A veces es difícil discernir entre si el animal es el hombre, o la bestia. Aníbal no solo tenía la pata herida, sino que mostraba serios síntomas de haber sufrido una atroz paliza antes de que, o bien fuese abandonado, o bien huyese de sus antiguos amos. Contusiones diversas y una fisura en una costilla daban fe de ello. También mostraba síntomas de desnutrición. Al parecer se trataba, dentro de todo, de un animal con suerte. Muy pocos animales tratados de este modo pueden contarlo.


Fueron necesarios varios días para que el animal se familiarizase no sólo con el personal del centro de acogida, sino también con sus nuevos compañeros. Desde el primer momento adoptó un rincón como suyo propio, y en cuanto alguien intentaba acercarse se levantaba con el pelo erizado y mostrando los dientes mientras empezaba a gruñir a modo de advertencia.

Debió de ser aproximadamente a mediados de Octubre cuando por fin conseguimos ganarnos la confianza de Aníbal. No era un perro cariñoso, no subía las patas delanteras sobre tu pierna, pero al menos ya se podía aproximar uno a él sin riesgo a que le mordiera.

En Diciembre, poco antes de las navidades, una familia de un pueblo vecino se interesó por Aníbal. Se trataba de una familia que quería regalarle al hijo menor un perro que le hiciese compañía. Les advertimos desde el primer momento de que había otros perros quizá más cualificados para ello, más cariñosos, para que nos entendamos. Pero el muchachito se había encariñado con Aníbal y sus manchas negras. Cabría pensar que Aníbal era ciertamente un perro con suerte.

Pero pocas veces se otorgan segundas oportunidades. Al parecer, Anibal no resultó lo suficientemente cariñoso con el niño, o simplemente la familia no tenía donde dejarlo. Fue en Abril, durante las vacaciones de Semana Santa, cuando los hijos del pastor volvieron al centro. Lloraban desconsoladamente, hipaban y apenas se les entendía. Lo primero coherente que dijeron, mientras me golpeaban con fuerza era ¿Para qué lo salvamos?

Según comentaron los hijos del pastor, de camino hacia los pastos encontraron tendido en la carretera un perro blanco con lunares negros que bien podía ser Aníbal. Había recibido un fuerte impacto por un vehículo y esperaba allí, perdido en medio de la nada, el momento de la muerte. Tenía espasmos y sangraba por el hocico y la boca. Dicen que permaneció quieto hasta morir. Aunque no pudiesen asegurarlo al cien por cien, estaban casi seguros de que se trataba de Anibal. Como ya he dicho, quiero hacerme la vana ilusión de que se tratara sólo de una equivocación y fuese uno de tantos animales anónimos. Sea como sea, esta mañana no he podido dejar de sentir que de nuevo hemos fracasado.

2 comentarios:

Zoe dijo...

Gracias por esta entrada Caminante, por Félix y sus amigos.

Yo también espero que no fuera Aníbal, la verdad es que no todos estos animales tiene una segunda oportunidad, el abandono de ellos en èpocas de vacaciones aún nos hace estar muy lejos de ser unos ciudadanos responsables y buenas personas. Cuando entré en SálvanOs pude darme cuenta muy bien de ello, sinembargo también hay gente que hace todo lo posible para que algunos sobrevivan y puedan disfrutar de esa segunda oportunidad...No a todos se les puede salvar pero al menos lo intentan. Cuando lean esta narración espero que algunos recapaciten más allá de adquirir o no un precioso cachorrito que el cachorrito crece y además necesita cuidados y que ya hay demasiados abandonados y sufriendo...

Si quereis un amigo, que no mascota, al que estais dispuestos a dedicar atenciones y cuidados y que nunca vayais a abandonar... adelante, si además os importa muy poco que sea de las razas de moda , aún mejor, echar un vistazo a las páginas de aquellos que intentan salvarlos del abandono, en cada región habrá unas cuantas , en la mía está SálvanOs, mirad y elegir con cuidado, podeis adoptar mejor que comprar y dar una maravillosa segunda oportunidad, una mucho mejor de la que tuvo Aníbal...

Como siempre una maravilla el texto, real como la vida misma y en ella no siempre hay finales felices...

Gracias, gracias, gracias....

fonsilleda dijo...

¡Qué triste Cami!. Aunque quizá para Aníbal fuese la solución, la definitiva.
ES terrible lo que hacemos con los animales. Yo sólo tengo que pensar en mi perra, arisca y desconfiada como es, seguro que le esperaría un final así o todavía peor.
Nos creemos dueños y amos con derecho a todo.
En fin...
EStupenda la historia como tal.
Bicos.

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