20 de diciembre de 2008

QUE VIVAN LOS NOVIOS

Las cinco y media de la tarde. Esa era la hora en la que prácticamente todos los familiares y amigos estaban ya situados en sus respectivos lugares dentro de la iglesia.

El novio, vestido con un sobrio traje negro, chaleco nacarado, camisa amarilla, fajín Burdeos y zapatos de charol, estaba frente al altar esperando nervioso la llegada de la novia.

Tenía las manos entrelazadas en su espalda y no dejaba de lanzar miradas furtivas a uno y otro lado de la iglesia buscando algo o alguien que lo tranquilizara, pero más bien era al contrario. La madre llorando por el niño que se le iba de casa, los amigos haciéndole el gesto del ahorcado con la corbata...

Mientras tanto el sacerdote iba ultimando los últimos detalles de la ceremonia en el altar. La colocación del Cáliz con la Sangre de Cristo y el Cuerpo de Cristo, la comprobación de los libros de las lecturas, y aún tuvo tiempo de besar la estola morada ante la imagen de la Santa Patrona, que presidía el altar mayor sobre las cabezas de todos los presentes, y colocársela encima del alba.

Por fin llegó uno de los momentos álgidos de la ceremonia. En el portón de la iglesia se dibujaban dos siluetas que avanzaban con paso lento entre los bancos de la nave mayor hacia el altar. La novia vestía un discreto traje color marfil hasta los hombros que más parecía un traje largo de fiesta que uno de esos ampulosos trajes de novia que suelen ser los utilizados para este tipo de ocasiones y unos guantes largos hasta el codo a juego con el traje.
En una mano, un pequeño ramo de flores blancas. El otro brazo tomado por su padre, un hombre ligeramente más bajo que ella, aunque más recio.

Él vestía traje oscuro, pero a diferencia del novio era azul marino. Ambos avanzaban al compás de la marcha nupcial. Todos los ojos estaban clavados en ella, la expectación era máxima. Ella miraba hacia uno y otro lado y sonreía alzando, ligeramente, de vez en cuando la mano del ramo para saludar a alguien. El padre en cambio, tenía la mirada clavada en el altar, y podía verse la emoción dibujada en su rostro en forma de lágrimas que intentaba reprimir.
-FIUUUUUUUUU FIIIIIIIUUUUUUUUUUUUUUUU- Siló una figura de entre los presentes en los últimos bancos - ESTAS COMO UN QUESO!!!-
La novia se ruborizó y pensó que tendría que hablar con su futuro marido sobre sus amigos y los modos de estos. El padre sintió ganas de estamparle el puño en la cara al que osaba silbarle de aquel modo a su hija en aquellos momentos, pero se reprimió pensando en su niña y en que era el día más importante de su vida.

Al llegar al altar el novio saludó al padre, que le devolvió el saludo dándole un abrazo. Los novios se colocaron en los lugares que ya habían estipulado con el sacerdote durante los ensayos previos a la ceremonia y parecía que todo estaba a punto para que esta comenzara. Sin embargo, saliéndose del programa el sacerdote se dirigió hacia el púlpito y empezó a hablarle a los asistentes:

-Queridos hermanos en Cristo- empezó diciendo con tono solemne- y especialmente aquellos que estáis aquí y no consideréis que todos los presentes seamos hermanos en nuestra Fe- continuó empezando a dejar perplejos a todos los asistentes. –Antes de empezar la liturgia, querría decirles a estos últimos que nadie les obliga a estar aquí dentro durante la celebración religiosa. –Los novios, al llegar a este punto se giraron y miraron interrogativamente a sus padres, como preguntándoles que qué era lo que estaba diciendo ese hombre.- Aquí delante tenemos una hermosa plaza en la que pueden esperar a que salgan los novios mientras fuman un cigarro y seguro que cerca hay algún bar abierto donde también pueden hacer tiempo. Así mismo querría pedirles que desconecten los teléfonos móviles, tengan en cuenta que la liturgia es una ceremonia solemne, y por último decirles también que intenten no hacer fotos con flash dentro de la iglesia, piensen en el pobre fotógrafo que tiene que ganarse la vida haciendo su tarea y en que a ustedes tampoco les gustaría que les hicieran competencia desleal en sus trabajos. Y una vez dicho esto, vayamos a lo que verdaderamente nos ha reunido aquí esta tarde que es unir en sagrado matrimonio a Josefina y Roberto.

Ya fuese por las palabras del sacerdote, que después de haber soltado este discurso se dirigió como si no hubiese pasado nada hacia su lugar detrás del altar, ya por designio divino, la verdad es que al menos media docena de personas de las últimas filas salieron sin pensarlo a la calle.
Los acordes de un órgano dieron inicio a una misa en el transcurso de la cual los novios iban a contraer matrimonio y de la que no hubo nada de especial mención hasta el momento en que el sacerdote preguntó a los cónyuges si accedían libremente a contraer matrimonio y si daban su consentimiento para contraer matrimonio.

-Si hay alguien que tenga algo que decir, que lo diga ahora o que calle para siempre- sentenció el sacerdote en el tono sobrio de voz que había tenido durante toda la ceremonia.

YOOOOO- Bramó alguien desde el fondo de la iglesia.
Se trataba de un personaje menudo y que tenía una risa nerviosa que le producía un tic en el labio, el mismo personaje que había piropeado a la novia como un albañil cualquiera.

–Que noooo- dijo el muchacho en tono jocoso tan rápido como todas las miradas se hubieron posado sobre él –Que estaba de coña!!!- acabó diciendo con un deje mientras levantaba las palmas de las manos en señal de inocencia.

Al novio se le hizo un nudo en el estómago en las fracciones de segundo en que no supo cómo reaccionar. ¿Quién era ese individuo? Casi prefería que se tratara de un amigo de la novia que de un familiar que no conocía. Total, de las amistades en última instancia siempre te puedes desentender, sin embargo con la familia... ya se sabe que la sangre tira.

La novia, simplemente perdió el sentido. El padre de la novia no se lo pensó dos veces. Dejando a su esposa atendiendo a su hija se dirigió junto con sus dos hijos hacia el banco en el que estaba sentado el gracioso y cogiéndolo por las axilas y los pies lo sacaron a la calle de mala manera. Cuando el padre volvió al altar estaba su mujer levantándole la cabeza a la novia y haciéndole aire, y el novio agachado junto a ella, tomándole una mano que no dejaba de besar mientras la llamaba por su nombre para ver si así reaccionaba antes. El sacerdote por su parte pedía a familiares y amigos que no se acercaran y que dejasen espacio para que la muchacha tuviese más aire.

Finalmente Josefina fue despertándose y sintiéndose lo suficientemente fuerte como para levantarse. -¿Quieres que sigamos, cariño, o esperamos a que te recuperes del todo?- preguntó Roberto. –No, estoy bien, dijo ella, sigamos con esto y cuanto antes acabemos mejor.- Ante tal comentario el sacerdote lanzó a la novia una mirada fulminante, pero actuó como si nada hubiese pasado y continuó con la ceremonia donde la había dejado acabando de declarar marido y mujer a Roberto y Josefina.

-Yo que vosotros, hijos- volvió a hablar el sacerdote desde detrás del micrófono y dirigiéndose a los novios.- Elegiría mejor las amistades. Y como iba diciendo antes de que ese inepto nos interrumpiera, que lo que Dios a unido no lo separe el hombre. Aunque la verdad, tengo que deciros que por desgracia esta es la parte que menos me creo en los últimos tiempos. De hecho- Seguía el cura como reflexionando para sí mismo con la cabeza alzada y la vista fija en un punto indeterminado de la bóveda- A veces me pregunto para qué hago esto si a los dos días voy por la calle y veo a los novios recién casados cada uno por su lado. Pero dejémonos de tristezas, hermanos, os recuerdo que hoy es un día de fiesta para los aquí presentes, y os recuerdo así mismo que tenemos que pensar en los que no lo tienen tan fácil como nosotros, en aquellos que día tras día pasan hambre. Por eso mismo que hoy es un día de fiesta, es un día de celebración, pero tenéis que pensar que seguramente una vez terminada la frugal cena os encontrareis con que en el mismo lugar del banquete tenéis barra libre y podréis beber todo lo que queráis. Por eso mismo os pido una vez más que penséis en esos que no tienen lo que a vosotros os sobra, y que hoy seáis generosos en la colecta, pensando que os da igual gastarlo tomándoos una copa que hoy os saldrá gratis, o haciendo el bien que le podéis hacer a los pobres niños hambrientos del mundo.

Dicho esto, la mujer que hasta aquél momento se había encargado de tocar el órgano en momentos determinados entró en la sacristía, situada en un lateral del altar, y volvió a salir con una canastilla destinada a recoger la colecta.

El sacerdote se agachó por un momento debajo del altar. Al volver a levantarse lucía entre sus brazos una guitarra española y empezó a cantar “Alabaré, alabaré, alabaré a mi señor”. –Venga todos- Gritó el sacerdote a los presentes.-Dar las palmas y cantar conmigo, que es muy fácil- Una vez hubo acabado este himno, y mientras la anciana organista todavía pasaba la colecta pidió que todos los presentes se dieran la paz, y volviendo a coger la guitarra entonó en esta ocasión “Evenu shalom alejem” en hebreo.

El aire acondicionado, en aquella tarde de julio, brillaba por su ausencia dentro de la iglesia. Los abanicos improvisados con cartas dominicales empezaron a ser tónica general, y todos agradecieron cuando después de la comunión el padre Abraham comunicó que podían marchar en paz.

Familiares y amigos fueron los primeros, los novios y los testigos se quedaron los últimos para firmar el registro. Una vez la iglesia estuvo completamente vacía el sacerdote se dirigió a la sacristía donde una figura menuda lo estaba esperando. Le sangraba una ceja y el pómulo lo tenía morado de un golpe. Recostado sobre una mesa se encontraba, con una mano sobre el pecho y resoplando, el muchacho que había escandalizado a propios y extraños durante la ceremonia.

-Oiga padre... me parece muy bien que me permita sacarme unas pelillas animando sus bodas, ¿pero no le parece que tendríamos que buscar otra forma de hacerlas más amenas?

-Piensa hijo, piensa- Repuso el sacerdote en tono fraternal mientras le daba tres billetes de veinte euros- Hoy lo que vende es el morbo, y si para hacer que la gente mantenga la atención durante la ceremonia tenemos que darles morbo, pues creo que la iglesia tendrá que ir adaptándose a los tiempos modernos, ¿No te parece?.

4 comentarios:

Froiliuba dijo...

AJAJJAAJJAAJAJJAAJAJAAJ

PA MATARTE EH!!!!!!!!!!!!!

me he reido que ni te cuento. Sobre todo pensando que eso mismo le puede pasar a alguno que yo me se pero al reves, si decide invitar a sus amigotes los Mojinos a la boda de marras ejejeje o cualquiera de esos que se juntan con él , si.


Que divertido, ha sido muy divertido, estoy por pasarselo a mis amigos los curas a ver si meten este marteking en sus cosas, que son muuuuuy rancios jajajaja.

besotes

Zoe dijo...

Gracias por la risa y la sonrisa, aunque me daría mucha pena que el morbo llegará también hasta ahí... es sólo el morbo el que mueve nuestro mundo, ya sean periódicos televisión, en la vida cotidiana o en las relaciones personales o amorosas?...acaso..
de la sonrisa al pensamiento...

fonsilleda dijo...

Edu, te has lucido guapiño. Todavía me estoy riendo, al tiempo que preguntándome si no estarás buscando algo así por lo que pueda suceder.
De ser así, por favor, no dejes de avisar porque creo que entre nosotras podremos hacer un apaño y que te salga (o al cura) todavía más barato.
En fin, que gracias por la risa, tal como van las cosas, siempre se agradece.

La signora dijo...

:)

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