1 de abril de 2009

1 de abril

Sin saber muy bien ni como, había llegado el afilador a las más altas sendas de la montaña pirenaica, allí donde España se pierde en tierras francesas o viceversa. El viento levantaba gran cantidad de polvo en el camino. Se detuvo en un recodo, cerca de una fonda, a tomar un trozo de pan con queso, pero lo que vio hizo que se le pasara el apetito.

A escasos metros, doblando la última curva, avanzaban poco a poco un grupo de hombres y mujeres cargados con todo lo que tenían a cuestas camino de nuevas vidas allá en el extranjero. La imagen más impactante, sin lugar a dudas, la de aquella anciana cargada con un fardo en el brazo izquierdo mientras que con el derecho sujetaba a su hija, con una pierna amputada, y que avanzaba a pasos cortos con una única muleta de madera, haciendose servir de la madre como punto de apoyo.

No era el afilador hombre dado al sentimentalismo y mucho menos a la política, pero tuvo que reconocer que se le hizo un nudo en el estómago viendo a aquellos hombres y mujeres, de rostros cansados y rabiosos, andar por el camino, sin levantar la vista, cargados con sus maletas y su orgullo. Así avanzaban los republicanos, con los dientes prietos de rabia e impotencia y con la incerteza de un futuro cargado de peligros para ellos y para los que dejaban atrás.

Recogió el afilador sus alimentos sin haberlos tocado y se quedó mirando a aquel nutrido grupo que parecían querer recordarles a los que desde la fonda los observaban las miserias del conflicto que había asolado al país.

Entró, una vez hubieron pasado, a la fonda a lavarse las manos y a recargar su bota de vino. En el transistor una voz cargada de énfasis nacionalista anunciaba el final de la guerra.

4 comentarios:

Zoe dijo...

Dicen que hay que pasar página y es cierto . pero pasar página no es olvidar y aprender. El mundo está lleno de guerras por los que pasaron página y por los que no las pasaron.No hay que olvidar aquellos hombres y mujeres , a las imagenes de aquellos que se alejaban con vida para andar y sin vida en su alma, como siempre los más humildes y menos afortunados...muchos sin saber muy bien el por qué de todo aquello.

gracias al afilador

fonsilleda dijo...

Exacto, como dice Zoe, no hay que olvidar, pero sobre todo hay que aprender y yo espero que lo hayamos hecho.
Los afiladores ¿cuántas historias no guardarán en sus máquinas?
Bicos.

Internautilus dijo...

Querido hermano: la guerra civil española es un suceso que a mi personalmente me estremece como ninguno. Conocedor de historias sobre ella, de primera mano, que son preferibles olvidar, no olvido, sin embargo, el daño que la guerra hizo, durante mucho tiempo, en las almas heridas de muchos españoles.
Magnífico texto, como todos los tuyos, en fondo y forma. !Gracias¡

entresuelos dijo...

me ha encantado tu blog, te seguiré, si me dejas. un saludo

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