28 de diciembre de 2009

Feliz navidad (con retraso)

La navidad es tiempo de fantasmas, y no precisamente a los de Dickens me refiero. Estos días tienen un algo especial que hace que los sentimientos florezcan con más intensidad que el resto del año. No olvidemos, por ejemplo, que es durante estas fiestas cuando se dan el mayor número de suicidios provocados por profundas depresiones. Y es que la Parca no se toma vacaciones ni en estos días.

El fantasma del pasado vendría representado por aquella persona que, durante la cena de Nochebuena o la comida de Navidad, siempre tiene que sacar a florecer las anécdotas más bochornosas de los miembros de la familia. Por otra parte, cada vez que una silla se queda vacía alrededor de la mesa, y aunque se tenga a los difuntos presentes durante el resto del año, en estas fechas se nota mucho más su ausencia. Con el paso de los años uno aprende que aunque de vez en cuando vaya habiendo una nueva baja en las filas de los comensales, siempre, de una u otra forma, acaba echando de menos a todos los que ha ido dejando detrás.

La proximidad del fin de año hace que el fantasma del pasado también se pueda representar mediante esa voluntad de hacer memoria de todo lo que hemos vivido durante los doce meses que separan una Navidad de la siguiente. Nuestra capacidad de cumplir lo que hemos deseado, nuestra capacidad de retener a nuestro lado a la persona que queremos sabiendo encontrar siempre ese frágil equilibrio que nos permita seguir adelante a pesar de la zozobra o, simplemente rememorando el vacío producido por la desazón y la tristeza producidas por la lejanía de quien pensábamos que estaría con nosotros para siempre.

El fantasma del presente debería recordarnos que durante estas fechas se remarca aún más, si es posible, la diferencia entre ricos y pobres, representada especialmente en el gasto desmesurado y en pantagruélicos banquetes de los que acaban quedando restos que pueden durar semanas. Recordemos a este respecto la tradición catalana de hacer canelones, el 26 de diciembre, como pretexto para aprovechar los restos de la comida de Navidad.


Si uno tiene la suerte de vivir en un hogar con niños pequeños, el fantasma del presente le otorgará una de las máximas sensaciones de placer que se pueden vivir: rememorar las navidades pasadas mediante la ilusión de los niños de hoy en día. No se puede dejar de pensar en que uno también una vez abrió regalos bajo un árbol, o que los reyes magos le trajeron una vez aquella primera bicicleta con la que se raspaba las rodillas y que desapareció misteriosamente, después de que su madre se enfadara tras manchar de negra grasa toda la ropa que tenía.

Por fortuna, a veces, también toca poner una nueva mesa alrededor de la mesa familiar. Ahí podría entrar en juego el fantasma de las navidades futuras. Todos expectantes alrededor de una mujer, haciendo sus propios planes para el pequeño que viene de camino y pensando ya en cómo serán las próximas navidades con el recién nacido ya como un miembro de derecho dentro del núcleo familiar.

Tomándonoslo con más frivolidad, es al fantasma del futuro a quien más faltamos en nuestra palabra. ¿Quién no se ha propuesto empezar un régimen o dejar de fumar después de fiestas faltando a su palabra transcurridos apenas unos días?

Las Navidades son también tiempo de dudas. ¿Hice bien al obrar de este modo? ¿Y si llamo por teléfono a… e intento resolver nuestras diferencias?

También son las Navidades tiempo de otros fantasmas que nada tienen que ver con el presente, el pasado, o el futuro. Tiempos del fantasma de la hipocresía social, ese tiempo de macromaratones televisivos que nos recuerdan la necesidad de que seamos más buenos que el resto del año con los más pobres y que nos permiten tranquilizar nuestra conciencia donando una ínfima cantidad económica.

Recordemos, por otra parte, que también hay otras navidades más oscuras. También la navidad llega a los hospitales, aunque siempre se intente endulzar la estancia de los enfermos estos días. Corales, payasos, futbolistas, políticos o famosetes de pro se apuntan en estos días a hacerse la foto de rigor especialmente con niños enfermos.

Es navidad en las ciudades y en los pueblos, en las casas con calefacción y en los callejones, es Navidad para niños y ancianos, es Navidad en España y en Ruanda. No me hagáis mucho caso, quizá sea cosa de la hora, quizá simplemente que a veces viene bien desahogarse con el folio en blanco. Sea como sea, que paséis felices fiestas y que el año que entre os traiga casi todo lo que deseéis, dejando algo para el siguiente.

Tarragona, 26 de diciembre de 2009

Eduard Manero

2 comentarios:

Zoe dijo...

Tu paralelismo con "Cuento de Navidad" es excelente...No hay nunca retraso en aquello que de verdad se siente... Gracias Eduard por estar siempre cerca aun estando lejos...

Feliz Año

"El porvenir es un lugar cómodo para colocar los sueños."

Anatole France

fonsilleda dijo...

Gracias por acercarnos, de esta y otra manera, este texto.
Gracias por seguir ahí, hablando de comidas y de lo que sea o surja.
Gracias también por compartir escritos.
Bicos.

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