27 de noviembre de 2008

GENTE DE DESPACHOS

El almuerzo ha sido abundante y pesado. Una fabada cocida en olla de barro y servida en cuencos de loza marrón, que ha llegado todavía humeante a la mesa. De segundo algo más ligerito: una codorniz con pétalos de rosa. Postres, café, puro y copa. La verdad es que ha sido una comida de negocios bastante provechosa. Hemos conseguido avanzar más en las negociaciones con los representantes sindicales en dos horas que en todos los meses anteriores. Sinceramente creo que puedo sentirme orgulloso. Quien me iba a decir a mí que iba a acabar así, con despacho propio en una multinacional. ¡Jefe de personal nada menos! En los tiempos que corren esto es casi tanto como ser dios. El futuro de las personas está en tus manos. Tú eres quien decide en todo momento quien y porqué se va encontrar al día siguiente en la cola del paro buscando una nueva oportunidad.

Parece que la fabada me ha caído algo pesada al estómago. Por un par de veces he tenido que dejar momentáneamente los papeles a causa de pequeñas molestias, pero no puedo permitirme el lujo de perder un momento ni siquiera para ir al lavabo en una tarde como esta en que estoy tan inspirado.

Son las cinco, son las seis, son las siete. Las luces de las oficinas se apagan, el vulgo va recogiendo sus chaquetas y salen ordenadamente hacia sus hogares. A Martínez tendré que vigilarlo más detenidamente, ha salido justo a la hora, eso significa que había apagado su computadora antes de tiempo. También yo querría irme a casa con la familia, pero hoy me toca quedarme revisando estos expedientes. Voy a tomarme un café. A ver si así consigo despejar la mente.

Joder... no puedo más. Ha sido levantarme y las molestias del estómago me han vuelto de forma exagerada. Creo que ha llegado el momento de ir a evacuar. Bufffff con las prisas por llegar hasta el lavabo ni siquiera me he tomado la molestia de encender la luz, me sé el camino de memoria. Me he desabrochado el cinturón y el pantalón con premura, me he bajado los pantalones y los calzoncillos a toda prisa y me he sentado sobre el retrete dispuesto a... ¿Qué es eso que estoy oyendo? ¿Quién está aquí a estas horas?

Doña Paca empezaba cada tarde su jornada laboral a las siete y media de la tarde, cuando el personal de oficinas terminaba su jornada laboral. Ella era de las que pensaban que igual no era especialmente letrada, y que no sabría mucho de ordenadores, pero que sin las mujeres de la limpieza todos esos chupatintas tendrían que revolverse en la mierda. Además le gustaba eso de trabajar cuando ya no quedaba nadie en la empresa. De este modo podían hacer pequeñas cuadrillas y trabajar cuchicheando o haciendo groseros comentarios sobre los maridos y los novios de las demás compañeras.

Aquella tarde, cuando se disponía a hacer la limpieza del lavabo de hombres de la tercera planta le pareció oír algo.

-¿Hay alguien ahí?- Gritó sin acabar de entrar del todo. Nadie contestó, así que finalmente pensó que se lo había imaginado. Entró y con paso decidido se dirigió al retrete. Fue a abrir la puerta pero para su sorpresa esta estaba cerrada por dentro. –!No me venga con hostias y dígame quien está ahí que a mí no me conocen a malas ¿eh?!- dijo airada.

Joder, qué mal rollo. Justo ahora tiene que llegar la mujer de la limpieza. ¿Cómo voy evacuar con esta mujer a menos de un metro de distancia? Tendré que intentar aguantar hasta que se vaya, aunque no sé si podré. Hace un instante que he empezado a sudar copiosamente y el dolor estomacal se me hace insoportable por momentos. Tendré que contestarle, a ver si así se da por satisfecha y sale.

-Soy yo, doña Paca, el señor Jiménez- a ver si así me deja en paz.

-Hombre don Jiménez, hacía meses que no coincidíamos, y ya tenía yo ganas de hablar con usted. Verá, es que tengo una sobrina que está buscando trabajo, y había pensado yo que quizá usted me la pudiera colocar aquí ¿sabe usted? Acaba de terminar la ESO esa, y le ha dicho a la madre que ya no quiere estudiar más. Mi hermana está desesperada, ¿sabe usted? Así que ya le he dicho que yo pensé que quizá usted... pero claro, como nunca coincidíamos...

Joder, no solo no se va, sino que encima no se calla, y si miro por debajo de la puerta puedo verle los pies. ¿Qué es ese ruido? No me fastidies... se ha puesto a pasarle el estropajo a la puerta del retrete por fuera estando yo dentro.

-Doña Paca haré lo que pueda pero créame, no es este el mejor momento, ni el mejor lugar para hablar de estas cosas. Pase mañana por mi despacho en horario de oficinas y veremos qué podemos hacer.

Dios y encima no puedo despedirla por que con los años que lleva en la empresa nos resultaría una ruina. Además, ¿Qué excusa pondría? Creo que si no se va pronto voy a explotar y entonces sí que tendrá que hacer una limpieza a fondo. Me siento cohibido, avergonzado de mis propias reacciones fisiológicas, pero es que no me gustaría que luego fuera la comidilla de la empresa por tirarme un pedo más subido de tono de lo normal, o por unos aromas más desagradables de la cuenta.

-Pero es que con lo que me pagan aquí en la empresa tengo que tirarme al pluriempleo ¿Sabe usted? en casas particulares. y teniendo varias casas además de la mía y estos despachos por la noche, pasar en horario de oficinas puede resultar muy difícil, ¿Sabe usted?.

-Bueno, pues entonces quedamos la semana que viene una tarde y ya me quedo yo después del trabajo para hablar tranquilamente. ¿Le parece?-Las piernas me están empezando a temblar a causa de la fuerza que estoy haciendo para no hacer de vientre, si tengo que estar mucho tiempo así voy a acabar con calambres en los muslos.

-Pues me parece, sí, además también podríamos hablar de lo de las vacaciones, que este año mi Miguel quiere llevarme a Benidorm ¿Sabe usted? y entonces tendríamos que coincidir los dos. Pero claro, todo dependerá de los hijos también, ¿Sabe usted? Porque si los hijos no tienen donde dejar a los nietos ya se sabe donde acaban, que últimamente es una pena como está la cosa ¿Sabe usted?-

No puedo más, ya no es solo la necesidad de hacer de vientre, sino también la mala leche que me está cogiendo. ¿Porqué tengo que aguantar yo todas las historias familiares de esta señora? ¿Pero quien se cree que es? Me he apretado los brazos sobre el estómago y en un último esfuerzo para no irme por las patas abajo se lo dejaré bien claro. ¿Será posible que una simple señora de la limpieza me haya puesto en jaque de tan tonta?

-Mire doña Paca. La verdad es que estaba yo aquí intentando cagar tranquilamente hasta que ha venido usted, y la verdad es que habiendo alguien que me está hablando me resulta bastante difícil hacerlo- A ver si con estas groserías y con este tono de voz consigo que me deje en paz de una vez.-
Bueno, hombre, tampoco se ponga así, yo solo lo hacía por seguir adelantando trabajo. Ya me voy a hacer el pasillo y luego vuelvo. Pero hágame un último favor.

-Dígame, doña Paca, dígame. Haré lo que quiera pero salga de aquí. Contrataré a su sobrina si así consigo que se marche... – digo levantando cada vez más la voz.

-No, si ya no se trata de eso- me interrumpe doña Paca simplemente es que cuando salga intente pisarme lo menos posible, que acabo de fregar y no quisiera que mañana me llamaran la atención por encontrar unas huellas.

Finalmente doña Paca sale del lavabo de hombres empujando parsimoniosamente su carro de la limpieza y con el plumero debajo de la axila. Al llegar al pasillo, se encuentra con Charito, la que ha ido a hacer el lavabo de mujeres, que hace ya rato que la espera.

-Paca, parece que estabas muy ocupada. A saber qué habrás encontrado tú ahí dentro, si hasta me ha parecido que hablabas con alguien!-

-Ná, hija- Contesta Paca haciendo un gesto con la mano para quitarle hierro al asunto- estos de los despachos, que son de un delicado que ni te lo imaginas.

3 comentarios:

trainofdreams dijo...

Inspirado en la figurita `DEL BELÉN?..me ha hecho sonreir y reir...algo tan dificil a veces.Me encantó La señora `Paca',jaque mate al as, bola y partida..

fonsilleda dijo...

Creo que tu protagonista se lo tenía merecido por creido. Se comenzaba a sentir como un dios, así que, una buena bajada a tierra, siempre viene bien.
Divertidísima historia en la que brilla, como dice Ina, una doña Paca que, claro, no entiende de tanta finura.

Dante dijo...

Jaj. Como no entenderlo. Quien no fue alguna vez al baño, y se cohibió con una Paca del otro lado. Imposible dar rienda suelta a las "necesidades fisiológicas" con público. Excelente. Me has hecho reir de lo lindo. Un abrazo.

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